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Selección por temperamento: la genética y el manejo

Ph.D. Dr. Marcos Giménez Zapiola. 2001. Informe Ganadero, Nº 504.

El temperamento es un rasgo altamente heredable en los bovinos, al punto que hay razas se distinguen por este aspecto de su comportamiento. Así, son reconocidos la mansedumbre del Hereford, la peligrosidad del Holando, el nerviosismo de algunas razas continentales y el carácter arisco del índico.

Sin embargo, no se trata de un acervo genético inamovible de las razas, y depende de la selección que hagan los ganaderos y del manejo a que los animales sean sometidos a lo largo de las generaciones. Así, el Hereford de los montes texanos puede ser tan arisco como el peor de los cebuinos, y éstos, si son criados en la India, se dejan llevar por niños con más docilidad que los toros de cabaña.

El trabajo

En países como la Argentina, donde la mano de obra no es todavía un factor crítico, sobre todo en zonas ganaderas marginales, muchos empresarios no entienden que sea importante seleccionar por mansedumbre, ni tampoco suavizar los hábitos de manejo de sus empleados.

En países de alto nivel de vida, donde es cada vez más difícil conseguir personal rural, la idea de seleccionar animales de buen carácter ya no se discute. En una encuesta reciente entre ganaderos norteamericanos, la mansedumbre figuró en segundo término entre los criterios de selección de toros, después de la fertilidad.

La economía de la mansedumbre

Hay varias razones para seleccionar por temperamento. El ganado manso requiere menos personal e instalaciones para su manejo, y sufre menos pérdidas durante la cría y el engorde. Está comprobado científicamente que los animales ariscos son más lentos en engordar que los mansos, y que son más propensos al estrés durante el transporte y la faena, lo que ocasiona pérdidas cuantitativas (machucones, raspones) y cualitativas (carne con pH alto, oscura y dura).

Estos datos son ineludibles para el ganadero moderno. El mercado ya no acepta carne de baja calidad, o la absorbe con quitas cada vez más importantes en el precio. Producir un kilo de carne de calidad no cuesta mucho más que otro de baja calidad, y un factor decisivo de la calidad, por las razones expuestas, es el temperamento de la hacienda. Por eso se hace cada vez más importante atender a este aspecto de la selección. Mantener el gen arisco es hoy un lujo caro, pero en el futuro será una imposibilidad.

El temperamento es visible

Para el criador comercial que se maneja extensivamente, la observación del temperamento es relativamente sencilla. Los animales expresan su genética más o menos arisca en el trabajo diario. Si una vaca no nos deja acercar a menos de 50 metros, su progenie probablemente herede la misma distancia de fuga, lo que será un obstáculo para el buen manejo y para el engorde, donde se debe trabajar más de cerca. Si un toro rompe el cepo cada vez que se lo revisa, su progenie probablemente sea más difícil de inmovilizar que la de otro toro que se deja sujetar sin problemas. Lo mismo vale para las vacas, cosa que se aprecia muy fácilmente al hacerles el tacto.

Todavía hay quienes asocian rusticidad o fertilidad con carácter arisco, dominante, pese a que son rasgos que tienen muy poca vinculación entre sí. Otras veces, no se descartan reproductores de mal carácter porque tienen buena conformación o precocidad, sin comprender que, si los padres son ariscos, los hijos difícilmente expresarán esos rasgos deseables en condiciones comerciales de producción. Lo que sí van a expresar es el mal temperamento heredado.

Herencia y aprendizaje

Puede haber problemas de temperamento que no se deben a la genética sino al manejo. Si los animales son maltratados sistemáticamente, se pondrán ariscos.

En estos casos, antes de seleccionar la hacienda por temperamento hay que seleccionar al personal y capacitarlo para que pueda manejar el ganado sin maltratarlo ni estresarlo. Mientras no se haga esto, no se podrá saber si la hacienda es arisca por su constitución genética o porque siempre se la trata mal.

El amansamiento no es mansedumbre

Para el cabañero, el tema es más complejo. La cabaña es sinónimo de buen trato a la hacienda. El producto vale mucho para jugar a los cowboys. La crianza es intensiva y los animales están habituados al buen trato con seres humanos. Los reproductores están tan amansados que carecen de distancia de fuga, y soportan situaciones como la Exposición de Palermo, que volverían locos a sus parientes criados a campo.

El mal temperamento queda tapado por una gruesa capa de amansamiento, así como la mala conformación queda a veces cubierta por una gruesa capa de grasa. El problema surge cuando el comprador lleva ese reproductor al campo: junto con la capa de grasa, se le puede diluir el amansamiento. El mismo toro que jugueteaba con su cuidador puede convertirse en un peligro para la seguridad cuando se lo vende y pasa a un contexto completamente diferente.

Además, transmitirá a su progenie ese mal temperamento que estaba totalmente contenido por el manejo de la cabaña. Por ello es importante distinguir la mansedumbre natural de la adquirida a través del manejo. La primera se hereda, la segunda no.

Criterios de selección

La selección por temperamento, siendo una tarea importante, no siempre se hace de manera metódica. Es un factor subjetivo: a la quinta vez que un toro o una vaca rompe el cepo, alguien dice: “A ese bicho no lo quiero ver más”. Todavía falta la implementación de esa decisión, que a veces termina peor: un animal de mal temperamento suele ser difícil de apartar, de tropear, de embarcar, y posiblemente siga causando problemas en el camión y en la planta de faena. Ese animal “conocido” es la manifestación extrema de un problema de temperamento que seguramente afecta a un porcentaje importante del rodeo.

Para hacer una selección efectiva, es preciso adoptar métodos que permitan diferenciar la genética del manejo, o la naturaleza de la crianza. Expondremos a continuación algunas formas de detectar animales con mal temperamento incluso cuando se los ha amansado mucho durante su crianza.

Un método de productores para productores

La primera raza que introdujo la selección sistemática por temperamento es la Beefmaster, una sintética fundada en 1937 por Tom Lasater, en campos de monte del sur de Texas. Ante todo, prohibió a sus vaqueros correr detrás de las vacas, y comenzó a juntarlas diariamente con un carro repartidor de forraje. Luego, pasó a refugar sin excepciones a las vacas y toros ariscos. Una vez limpiado su rodeo de animales de mal carácter, pasó a erradicar el gen arisco en su reposición anual. Con este fin, adoptó el destete a corral, que le permitía detectar y refugar fácilmente a los animales más nerviosos. Para seleccionar sus futuros toros y vientres, diseñó una prueba muy exigente de mansedumbre: sólo la aprobaban los que aceptaban, al destete,  comer la ración de su mano. Los que no aceptaban esta forma de alimentación eran descartados de la cabaña.

El resultado, tras más de sesenta años de selección, es notable: los toros Beefmaster del rodeo fundacional, que están en el Lasater Ranch de Colorado, son animales que se dejan tocar por los visitantes pese a ser criados a campo, en potreros de centenares de hectáreas y sin ningún tipo de suplementación que ayude a amansarlos.

La medición del temperamento

Temple Grandin,  reconocida especialista  norteamericana en comportamiento animal,  ha desarrollado escalas de temperamento bastante simples, que miden la conducta del animal en situaciones comunes de manejo.

Una de estas situaciones es la inmovilización en la manga de compresión, mecanismo hidráulico de paredes móviles que se puede ver en algunos de nuestros feedlots. La escala clasifica al animal según las siguientes reacciones:

1. Permanece en calma, se queda quieto

2. Levemente inquieto, movimientos incesantes 

3. Muy inquieto, torsiones y sacudimientos ocasionales del dispositivo

4. Movimiento vigoroso, sacude constantemente la manga de compresión y trata de escapar

5. Se pone frenético, enloquecido: corcovea, gira, lucha violentamente

Esta escala también se puede aplicar a un animal sujeto en un cepo común de los nuestros, o  encerrado en una báscula individual.

Otra escala mide la reacción del animal individual en la pista de ventas:

1. Quieto o se mueve en calma. Cabeza gacha.

2. Trote corto e irregular. Cabeza alzada. Actitud vigilante.

3. Movimiento continuo, con paso rápido e irregular. Muy vigilante.

4. Atropella, trata de saltar o de escapar hacia afuera.

Los animales que reciben puntajes de 3 o 4 son además clasificados según su actitud sea de agresión o de escape.

El comportamiento agresivo incluye: escarbar el suelo con las patas delanteras mientras la cabeza está baja, avanzar hacia una persona u objeto con la cabeza levemente baja, bajar o sacudir la cabeza ante una persona u objeto, o embestir una persona u objeto. La posición de la cabeza en el comportamiento agresivo puede ser: con el cuello muy levantado, muy cerca del piso o levemente por encima de la línea del lomo. 

En el comportamiento de escape, la cabeza y el cuello están estirados hacia adelante, levemente por encima o por debajo de la línea de la espalda, o al mismo nivel, y los movimientos son defensivos en vez de ofensivos.

Siendo ambos comportamientos expresión de un temperamento arisco, la actitud agresiva es mucho menos deseable que la de escape.

Aplicación del método

Como el manejo de cabaña puede suavizar estas reacciones,  conviene ser mucho más exigente en la selección de reproductores, es decir, no aceptar animales con más de 2 puntos.

El filtro ideal consiste en aplicar ambas mediciones sucesivamente, es decir, clasificar a cada animal en el cepo o balanza, y de inmediato, clasificarlo en el corral de salida, cuidando que esté solo. El aislamiento potencia la reacción instintiva del animal.

La evaluación la debe hacer siempre la misma persona, pues se trata de una escala ordinal, donde no siempre es claro el límite entre un escalón y el siguiente. (Estos y otros temas de comportamiento animal pueden ser consultados con más detalle en el sitio web de Temple Grandin -www.grandin.com-, que cuenta con una sección en castellano).

Conviene repetir las pruebas, pues un animal puede estar nervioso en alguna de las pesadas o sujetadas en el cepo por razones circunstanciales. Sin embargo, salvo en caso de necesidad, conviene refugar ante la duda. “Si dudo, no es bueno”, sería la regla.

Algunos criterios prácticos

Para el criador comercial, que quizás no tiene los medios para aplicar este tipo de métodos, existen algunas formas de detectar los animales de peor temperamento, para comenzar a seleccionar por mansedumbre.

El primer paso es seleccionar sus lotes de reposición al pie de la madre, según su comportamiento en la manga. Hay que tener presente que los terneros al pie tienen reacciones bastante más instintivas, parecidas a la conducta del animal salvaje, lo que no debe ser confundido con mal temperamento. Es típico que les cueste más “embocar” la manga, por ejemplo, lo que invita a los abusos del personal, lo que a su vez pone más nerviosos a los terneros, y así sucesivamente.

La reacción al estar encerrados en la manga marca diferencias de temperamento. Siendo que todos han recibido el mismo trato, aquellos que se muevan más, traten de saltar o se queden echados nos estarán anunciando futuros problemas de temperamento. Conviene individualizarlos, ya sea por el número de la caravana o tatuaje, o simplemente “a ojo”, si no son muchos animales.

Si se los sujeta en el cepo, se los puede clasificar de acuerdo a una escala tipo Grandin.

A partir del destete, se pueden usar métodos del tipo Lasater si se desteta a corral o se suplementa.

Una vez formado un lote de reposición, sean toritos o vaquillonas, hemos desarrollado una variante de Lasater, que es clasificación por distancia de fuga. La distancia de fuga es aquella a la que un animal comienza a apartarse de un potencial predador, en este caso, el ganadero. Siendo que todos los animales han recibido el mismo tratamiento, aquellos que tengan mayor distancia de fuga estarán manifestando un peor temperamento genético. Hay que tener en cuenta que las vaquillonas son más ariscas, hasta que tienen su primer ternero.

Trabajando con pares de animales, es muy fácil determinar cuál es el más arisco, sin necesidad de medir al milímetro las distancias de fuga ni hacer escalas de cuatro o cinco niveles. Esto se puede hacer observando los animales de a dos en el toril, y luego, apartándolos a la salida de la manga o la balanza. Este sistema muy simple permite dividir el lote en dos mitades, la más arisca y la menos arisca. Si se individualiza a los animales y se repite esta medición cada vez que se los pasa por la manga o balanza, se podrán corregir errores subjetivos. Luego, se puede trabajar cada mitad por separado, para dividir el lote en cuartiles. El nivel final al cual se descartará por temperamento depende de la decisión del empresario.

La clave es el cabañero

Cualquiera sea el método que se elija, lo importante es tener una decisión firme al respecto. Cuando se refugian a los animales de mal temperamento, quizás haya algún riesgo de dejar de lado algún buen reproductor por errores de apreciación, pero a la larga, lo que es seguro es que sólo habrá animales genéticamente mansos.

La clave está en el cabañero, la única persona capaz de mandar a faena animales que, bien maquillados sus defectos, podría colocar como reproductores al doble de precio. Sólo él puede elegir entre la ganancia inmediata (y el cliente que quizás no volverá) y los beneficios de largo plazo, basados en un producto confiable y consistente.

Hacia el futuro

Con el tiempo, es muy probable que las ventas de reproductores incluyan información sobre el temperamento, así como hoy se sabe el peso al nacer y al destete, la capacidad de servicio de los toros, etc.

La mansedumbre es un rasgo heredable de creciente importancia económica en la producción de ganado y carne. La genética mansa se va a convertir en un valor agregado importante para el criador comercial que elige líneas o cabañas para su rodeo. Es un trabajo lento, pero sus resultados son seguros. En las razas más antiguas, que a veces tienen siglos de selección por temperamento, es muy fácil detectar y descartar a los individuos de carácter inconveniente. En muchas razas modernas, es una asignatura pendiente.

 

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